Entender la hipertextualidad
Aprender a leer y a escribir usando enlaces de hipertexto, es lo que con toda propiedad puede considerarse como “alfabetización digital”, un tipo de destrezas que, mal que les pese a los apóstoles de la “natividad digital”, no se obtienen de manera innata en función de la fecha de nacimiento del usuario y el grado de implantación de la Web, sino que requieren de un proceso de aprendizaje teórico-práctico que hay que cultivar.
El hipertexto, como documento digital compuesto por unidades de
información (nodos) articuladas entre sí mediante órdenes de
programación (enlaces), mucho más allá de su dimensión técnica, es un
lenguaje que, permitiendo nuevos modos de narrar, puede considerarse
como la auténtica gramática de la Web.
La hipertextualidad es una de las condiciones necesarias de la
interactividad: un texto con bifurcaciones exige que el usuario tome
decisiones para que la narrativa y, eventualmente, el sentido,
comparezcan en un enunciado digital.
Más allá de su función asociada al diseño de la navegación
estructural de los espacios digitales, el hipertexto tiene una más
compleja dimensión semántica al aportar referencia y contexto (campos
semánticos) a los términos enlazados. En consecuencia, al programar
enlaces de hipertexto en un documento digital, mucho más que establecer
arquitecturas de la información, se definen contextos y contrastes
documentales y semánticos.
La hipertextualidad convierte a los documentos digitales en mapas y a
los usuarios en navegantes. Cada enlace de hipertexto es un destino a
explorar, una invitación a completar un texto con una experiencia
cognitiva más amplia y más rica, sugerida por el autor pero activada por
el lector. (furnte: Revista mexicana de comunicación)
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